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Recuperar el territorio y la vida: Marusia López

Categorías: Eventos, Así lo decimos

Muchas gracias por la invitación, es un honor para nosotras en JASS –Asociadas por lo Justo- comentar el documento “Recuperar el territorio y la vida” de Por México Hoy, una articulación que Orfe Castillo, coordinadora de JASS en México, y yo hemos tenido el privilegio de dar seguimiento.

El documento hace un detallado y contundente análisis sobre el nivel de devastación, despojo y violencia que resulta constitutivo del modelo extractivoque se viene reeditando desde la Colonia y la urgencia de recuperar los territorios y los bienes naturales para salvaguardar la vida, la integridad y la sobrevivencia de las personas y el planeta, no solo en México sino a nivel mundial. En el se argumenta con claridad que cuestionar el modelo extractivo debe ser hoy en día un imperativo de todo gobierno progresista.

Sabemos que este modelo tiene un impacto diferenciado en los diferentes colectivos sociales que conforman nuestro país. Desde nuestra experiencia acompañando a mujeres que están en la defensa del territorio en diferentes países de Mesoamérica, el Sur de Africa y el Sudeste de Asia sabemos que:

La discriminación de género y toda la violencia que genera es un poderoso instrumento de control social y miedo utilizado de forma consistente en los procesos de despojo y explotación de los territorios.

La violencia contra las mujeres y la discriminación es una realidad que las mujeres viven también dentro de sus familias, comunidades e incluso dentro de los movimientos sociales. Se trata de un poder invisible que favorece la descomposición del tejido social y la reproducción de la desigualdad estructural.

Sin embargo sigue siendo una realidad poco reconocida en su dimensiones e impacto. En el último informe de Global Witnnes – al que aportamos desde JASS con un artículo específico sobre cómo impacta la violencia en las mujeres que defienden el territorio- advertimos que:

Las mujeres saben por experiencia del impacto devastador que las industrias extractivas tienen en sus cuerpos y en su territorio. Al ser las principales responsables del cuidado familiar se ven afectadas directamente cuando el agua está contaminada o cuando escasean los alimentos básicos.

Por no contar muchas veces con la propiedad de la tierra se ven sometidas a procesos de despojo y expulsión de su territorio.

La economía extractiva por lo general ofrece alternativas laborales precarias y estereotipadas, además de favorecer la violencia de género como muestran los casos de violencia sexual cometidos por guardias de seguridad de las empresas y la prostitución forzada fomentada por parte de las empresas.

La violencia contra las mujeres es utilizada para infundir miedo y facilitar la depredación de los territorios, sobre todo en los que hay presencia militar y paramilitar. Basta recordar lo que pasó en Atenco en el 2006

La violencia contra las mujeres dentro de los movimientos sociales, incluidos los que defienden el territorio es una realidad generalizada que seguimos sin atender con la seriedad y el cuidado que amerita

El documento menciona de forma reiterada cómo las represión, la criminalización y la difamación ha sido una constante en luchas de resistencia y denuncia de los impactos nosivos del modelo extractivo. Como se afirma en el último informe de Global Witnnes “Nunca habíamos vivido un momento más letal para defender la comunidad, el modo de vida o el medio ambiente.” Una gran mayoría de las 207 personas defensoras asesinadas el año pasado provenía de América Latina, la cual sigue siendo la región más peligrosa para las y los defensores, representando el 60% de los asesinatos de 2017.

Esta violencia sin tregua contra quienes defienden el territorio y los bienes naturales también impacta de forma específica en las mujeres sobre todo si sus vidas están atravezadas por diferentes estructuras de opresión por su pertenencia étnica, etc.:

Aunque los defensores son más asesinados, podemos afirmar que la violencia afecta de manera más fuerte a las mujeres defensoras si tomamos en cuenta la diversidad de actores que las agreden, la violencia asociada a la discriminación de género y la falta de acceso a mecanismos de protección.  

Las mujeres siguen enfrentando limitaciones para que se reconozca su palabra y poder en los procesos de toma de decisiones sobre el futuro de sus territorios

Cuando un defensor es asesinado son las mujeres quienes se quedan a cargo de la comunidad, de la familia y de la exigencia de justicia pero muchas veces en condiciones de suma precariedad y falta de respaldo social y político.

Cuando una mujer es criminalizada, sobre todo si es indígena o de una comunidad rural, toda la discriminación del sistema de justicia se le viene encima.

Quisiera aprovechar este foro para denunciar que en las últimas semanas el gobierno de Honduras ha venido vulnerando gravemente el debido proceso en el caso de asesinato de la compañera Berta Cáceres y el intento de asesinato del compañero mexicano Gustavo Castro. Como ha ocurrido con muchos casos en México. Se trata de una farsa de juicio que pretende dejar en la impunidad a los autores intelectuales entre los que están la empresa, las fuerzas militares y los bancos internacionales que sabiendo de las amenazas siguieron financiando el proyecto Agua Zarca. Se trata de un caso paradigmático que debemos seguir y con el que debemos solidarizarnos.

Estamos ante una disputa por los territorios en la que el poder corporativo y los gobiernos que les respaldan no están dispuestos a echar marcha atrás o aceptar control alguno. Poderes que han hecho de la violencia y la muerte un lucrativo negocio y una forma privilegiada de asegurar el despojo. Que necesitan de democracias débiles, del regreso del autoritarismo y que se legitiman exaltando el discurso de odio y discriminación. Poderes que han construido una arquitectura de impunidad global para sus actuaciones criminales, un entramado jurídico que necesitan para el expolio de los bienes naturales.

Los pueblos como lo detalla el documento de Por México Hoy están reaccionando tanto a nivel local como en la arena internacional como da cuenta la Campaña para Desmantelar el Poder Corporativo que está luchando por un tratado vinculante de empresas y derechos humanos y una corte internacional que enjuicie a las empresas que violan los derechos humanos.

Estas luchas de resistencia son fundamentales para enfrentar el avance de la economía extractiva. Sin embargo enfrentan desafíos que nos parece importante advertir y reflexionar en la idea de avanzar en las recomendaciones y propuestas que se hacen en “Recuperar el territorio y la vida”.

Uno de ellos es el relacionado con la situación actual de los movimientos y luchas de resistencia. En particular sobre la fuerza y coherencia interna necesaria para revertir la dinámica actual de saqueo, violencia y depredación y construir alternativas. Desde nuestra experiencia pensamos que es importante destinar mayor tiempo y energía a reflexionar sobre y fortalecer nuestros movimientos, de abordar los conflictos internos, el nivel de desgaste que genera la violencia, las prácticas políticas que nos ponen en riesgo, la falta de liderazgos colectivos y las violencias y falta de reconocimiento hacia las mujeres que persiste en las organizaciones y comunidades.

Esta revisión interna debe conducirnos hacia la construcción de movimientos más fuertes, coherentes y resilientes que reconozcan la importancia estratégica del protagonismo que han logrado las mujeres en la defensa del territorio y los bienes naturales y combatan las prácticas discriminatorias y las violencias machistas que debilitan su aporte.

Sabemos que su participación es fundamental, que son ellas las que se oponen con más contundencia a la venta de sus tierras y con sus cuerpos resisten desalojos forzados y evitan la entrada de empresas. Las que protegen a las familias en los momentos de violencia y represión y quienes se quedan al cuidado de la comunidad cuando los hombres deben migrar o cuando son encarcelados por su lucha. Pero a la vez, sabemos que las mujeres, a la vez que luchan por sus territorios, confrontan el machismo arraigado dentro de sus propias comunidades. Como dijera la defensora del territorio Lolita Chávez de Guatemala:

“La fuerza de las mujeres es una fuerza colectiva que genera comunidad y a eso le temen las políticas extractivas. Nosotras no solo llevamos luchas en el territorio, sino también dentro de nuestras vidas, de nuestras camas, de nuestras casas y comunidades. Tenemos que seguir luchando para declarar territorios libres de violencia, libres de minería, queremos libertad en los territorios para así poder saludar al agua, a la tierra y al aire como elementos vivos y no de comercialización.”